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PAMPLONA
EN EL SIGLO XVIII. LA ILUSTRACION
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Un
recorrido por la Pamplona del siglo XVIII a través de su arquitectura civil
ayuda a conocer mejor la evolución de la ciudad precisamente en una época
en la que surge un afán de modernización muy acorde con las corrientes
ilustradas del momento.
Además esta visión de Pamplona es interesante ya
que el indudable atractivo de la historia medieval de Navarra eclipsa en
muchas ocasiones la historia de Pamplona durante la Edad Moderna y sin
embargo es durante el siglo XVIII
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según Caro Baroja llega “la hora navarra”, y esta
pujanza económica de la que habla el autor se deja
ver en las calles de la ciudad. La Pamplona del siglo XVIII cuenta con un centro de enseñanza superior, la
Universidad de Santiago, donde se estudia Filosofía y Teología hasta 1771,
y desde 1757 se imparten clases de medicina en el Hospital General, hoy
convertido en el Museo de Navarra.
Además en el siglo XVIII se construye
una red de alcantarillas con desagües para cada casa, lo que permite que
las calles, ahora libres de vertidos, se cubran con un empedrado. Se realiza
también la traída de aguas desde Subiza, gracias al acueducto diseñado
por el arquitecto Ventura Rodríguez, que también proyecta la nueva fachada
de la catedral. |
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Para celebrar el acontecimiento que supuso la conducción de
agua, en 1798 se inauguraron una serie de fuentes diseñadas por Luis de
Paret y siguiendo la línea de todas estas reformas, destinadas a modernizar
la imagen de la ciudad, a finales de siglo se instala un sistema de
alumbrado público.
Es
durante el siglo XVIII también cuando se renuevan gran parte de las
viviendas de vecinos y los nobles construyen sus palacios en la ciudad,
dejando unos buenos ejemplos de arquitectura barroca.
Este afán
constructivo no sólo afecta a la aristocracia, sino que algunas
instituciones civiles y eclesiásticas también dejan la impronta de su afán
renovador con la erección de sus respectivos edificios institucionales,
como el Ayuntamiento de la ciudad y el palacio Episcopal.
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Esta preocupación
por cuidar la ciudad queda reflejada en las Ordenanzas Municipales, que
regulan la construcción de edificios tratando de dar una cierta uniformidad
al trazado de las calles. En
la calle Navarrería, el edificio más representativo es el del Marqués
de Rozalejo (1). Se abre a la plaza de Santa Cecilia y goza de una
excepcional perspectiva dentro del entramado urbano del casco antiguo de la
ciudad, ya que Pamplona, por su situación fronteriza, no empieza a crecer
extramuros hasta 1888, cuando se realiza el primer ensanche, por lo que las
nuevas ideas se tienen que ceñir al interior de los muros de la ciudad, la
zona que hoy llamamos el Casco Viejo. Esta particularidad también
contribuye a que los edificios que se conservan nos pasen desapercibidos, ya
que generalmente no existe la posibilidad de aprovechar o crear un trazado
urbano con la perspectiva adecuada para poderlos contemplar.
La
ubicación de la casa dentro del entramado urbano va a tener una gran
importancia, y en el contexto específico de la Pamplona del XVIII surgen
nuevos espacios: las plazoletas. Son en realidad espacios, generalmente
irregulares, que debido a la intersección de varias calles presentan una
mayor amplitud que una vía normal. Al ubicar la casa en una de estas
plazoletas se consigue una mejor perspectiva de la fachada, lo que
engrandece la apariencia de la edificación. Este interés por despejar la
fachada ampliando las posibilidades de contemplación de la misma ya se había
experimentado en el XVII, al ensanchar el último tramo de la calle Jarauta
para permitir una mejor vista de la fachada del recién construido convento
de Carmelitas. Al interior también resulta beneficiosa la presencia de la
plazoleta precediendo a la casa, ya que permite que entre más luz y las
vistas son más gratas.
Esta
casa perteneció a la familia Aoiz-Guendica, en quienes recayó el título
del marquesado de Rozalejo en 1832, momento en el que colocan su blasón en
el palacio. La fachada, típicamente barroca, ha sufrido algunas
modificaciones en el siglo XIX, cuando se aumentó su altura para colocar el
blasón y se rasgaron las ventanas de la planta baja. En el interior se
conserva un amplio zaguán del que parte una amplia escalera imperial. La
carpintería y herrajes que se conservan corresponden también al siglo
XVIII.
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Las
Fuentes de Luis Paret
Para conmemorar la traida de aguas a Pamplona, en 1788 se instalaron en la
ciudad una serie de fuentes cuyo diseño se debe al pintor de la Corte Luis
Paret y Alcázar.
Estas fuentes, emblemáticas de la ciudad de Pamplona, son
la de Santa Cecilia (2), en la plaza de su nombre, la de Neptuno
(3), en la plaza del Consejo, la del Obelisco (4), en la plaza de
las Recoletas, y la de la Abundancia o la Beneficencia (5), para
colocarse en la Plaza del Castillo, desde donde se trasladó a su actual
emplazamiento, en los jardines de la Taconera, y hoy es conocida
popularmente como la "Mariblanca".
Tras
alcanzar la catedral por la calle Navarrería, recorremos toda la calle
Dormitalería, que recibe ese nombre por ser en la que vivía el dormitalero
de la catedral, hasta llegar a la plaza de Santa María la Real, donde se
sitúa el Palacio Episcopal (6).
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Esta plaza data de 1945, cuando se
destruyó el antiguo convento de la Merced para construir en 1952 en parte
de su solar el retiro sacerdotal. El
palacio Episcopal se levantó entre 1734 y 1740. Este edificio logra una síntesis
entre la arquitectura de la zona media, donde predomina el sillar, y la
Ribera, donde se impone el ladrillo y se abren galerías que coronan el
edificio.
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El interior del palacio se renovó parcialmente hacia 1973, si
bien queda intacto el patio interior con arcadas, que repite en el último
piso la galería de arquillos que aparece en la fachada. También se
conserva la escalera imperial, coronada por una cúpula vaída con un florón
central.
Volviendo
por la calle de la Merced, antigua rúa de la judería, hasta la bajada de
Javier, llegamos hasta la calle Estafeta, donde se encuentra la fachada del palacio
Goyeneche (7), que recibe su nombre por el noble baztanés que lo mandó
levantar.
Destaca en esta fachada la monumental portada y los balcones de la
primera planta, que conservan la carpintería original.Desde la plaza del
Castillo se puede contemplar la linterna que ilumina la caja de escalera de
la edificación.
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La
Plaza del Castillo (8)
Esta plaza recibe su nombre por el castillo que en el siglo XIV levantó
Luis el Hutín, y que se encontraba en uno de sus extremos. Posteriormente
este edificio fue sustituido por el castillo que mandó edificar Fernando el
Católico, que a su vez fue derribado al construirse la moderna ciudadela de
Pamplona.
Este espacio tardó en constituirse como una zona de viviendas, ya
que los pamploneses residían en el interior del casco urbano, pero al menos
desde el siglo XIV funcionaba como zona de esparcimiento y de ocio.
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En 1405
Carlos III organizó en la plaza una serie de justas y torneos para
conmemorar el matrimonio de su hija doña Beatriz con el príncipe Jacques
de Borbón. La plaza se utilizó para celebrar festivales taurinos desde
1385, cuando se documenta el primero de estos eventos, hasta 1844, cuando se
construye la primitiva plaza de toros. Al caer en desuso su utilidad como
coso taurino y lugar de espectáculos, este espacio siguió siendo un centro
de ocio, al abrirse en el durante el siglo XIX los primeros cafés. En 1888
abría sus puertas el café Iruña, en el edificio levantado por el
arquitecto de Logroño Maximiano Hijón para la entidad bancaria del Crédito
Navarro.
En el centro de la plaza se instaló en el siglo XVIII la fuente de
la Mariblanca, diseñada por Luis Paret, que se trasladó a los jardines de
la Taconera al ser sustituida en 1910 por un quiosco de madera. En 1943 se
retiró también este último para colocar el que hoy sigue presidiendo la
plaza.
La
plaza del Castillo sigue siendo hoy centro de reunión y esparcimiento de
los pamploneses, donde se encuentran un buen número de cafés y bares donde
dejar pasar los momentos de ocio. Además desde ella se accede a las
diferentes calles del casco viejo donde se sitúan los sitios más
tradicionales donde acudir de compras, a tomar tapas o copas.
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EL
Ayuntamiento (9)
Es uno de los edificios que se construye a partir de la promulgación de
Privilegio de la Unión por Carlos III en 1423. En el mismo documento se
determina el emplazamiento exacto que debía tener la casa municipal, en lo
que era el foso donde confluían los tres burgos: Navarrería, San Cernin y
San Nicolás. El actual Consistorio se construyó entre 1753 y 1759, en
sustitución del antiguo que amenazaba a ruina. Las obras se iniciaron con
las trazas del maestro Juan Miguel de Goyeneta, pero se decidió cambiar la
fachada proyectada por la que había presentado en 1755 Jose Zay y Lorda. Al
escultor José Jiménez se el encargó todo el repertorio escultórico.
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El
reloj data también del siglo XVIII, aunque su maquinaria fue reemplazada en
1991. Todo el interior desapareció en la reforma que se llevó a cabo en
1952.
La
puerta de la Casa Consistorial está custodiada por dos estatuas que
representan a la Prudencia y la Justicia, y en lo alto se alza la figura de
la Fama, que pregona con un clarín las glorias de la ciudad. A su lado se
encuentran dos estatuas de Hércules, como símbolo de las virtudes cívicas.
El escudo Pamplona aparece también repetidas veces en la fachada. |
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La
Calle Zapateria
Hasta el Privilegio de la Unión del año 1423, la calle Zapatería fue la
calle Mayor del burgo de San Nicolás. En el siglo XVIII esta calle alcanzó
un importante nivel social dentro de la trama urbana, lo que revirtió en
sus construcciones, y de ello son testigos los palacios barrocos que se
conservan, así como los numerosos blasones que lucen todavía muchas casas
de vecinos.
Entre
las edificaciones más interesantes se encuentra el edificio conocido como palacio
Navarro-Tafalla (10), mandado construir en 1752 por el capitán,
caballero de Santiago y comerciante en Indias don Juan Francisco Adán y Pérez,
que en 1746 obtuvo su ejecutoria de hidalguía.
En el interior se conserva
la escalera original y el zaguán, donde se desarrolla una espectacular
escenografía de gusto barroco, con sus dos cuerpos cubiertos por una bóveda
poligonal con lunetos, bajo los que se abren ventanas en el cuerpo de
linterna.
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Del centro de la bóveda, como en muchas escaleras barrocas, pende
un florón vegetal. El suelo se cubre con cantos rodados, huesos y tabas,
realizando un curioso motivo floral. |
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También
destaca el palacio de Guendulain (11), construido en el siglo XVIII
por la familia Eslava de Enériz, nobles indianos que costearon parte de la
iglesia de su pueblo.
Tras el matrimonio de Magdalena Eslava con el conde de
Guenduláin, el edificio quedó vinculado a este título navarro. En 1845
esta casa se convirtió en residencia real por unos días, ya que alojó en
ella a Isabel II y su séquito.
La fachada de la casa, una de las más
largas de la ciudad, tiene tres alturas. La primera planta corresponde a lo
que se suele conocer como piso noble, destinado a las habitaciones
principales de los señores de la casa y habitaciones de representación
como los
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salones, desde los cuales seguramente verían y ven todavía las
procesiones y acontecimientos que se suceden por esta importante vía del
Casco Antiguo.
La
Calle Mayor
Es la vía emblemática de la ciudad histórica, la vieja rúa de los
peregrinos a Santiago, que enlaza la parroquia de San Saturnino con la de
San Lorenzo. Poco a poco, cuando se unificaron los burgos en 1423, se
convirtió en la calle principal de la ciudad, y en ella se aglutinaron
numerosos gremios y oficios, como los plateros, guarnicioneros, bolseros y
guanteros entre otros. Conserva varias casas barrocas y escudos nobiliarios
del siglo XVIII, indicativos de la pujanza social de la zona.
Junto
a la iglesia de San Saturnino se encuentra la Casa del Condestable (12).
Este edificio fue construido
para el IV conde de Lerín a mediados del siglo XVI, quedando vinculado con
posterioridad a la casa ducal de Alba, la cual lo cedió a distintas
instituciones de la ciudad. Así, los obispos de Pamplona residieron en él
durante el siglo XVII y hasta 1732, año en que se trasladaron a su nuevo
palacio. También ocupó esta edificación el Ayuntamiento, mientras se
terminaban las obras de su nuevo edificio. El edificio original data, como
se ha dicho, del siglo XVI, pero en el siglo XIX sufrió una importante
reforma. En 1891 Pedro Arrieta modificó sus fachadas, unidas en chaflán
con miradores, con la peculiaridad de ser el primer chaflán del casco
antiguo de Pamplona.
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Al
final de la calle, ya junto a San Lorenzo, está el palacio Ezpeleta (13),
que se construyó entre 1709 y 1711 como residencia de los Marqueses de San
Miguel de Aguayo, y que actualmente es propiedad del Ayuntamiento de
Pamplona.
Todavía se pueden ver los efectos
de un cañonazo lanzado durante la guerra carlista en uno de los
herrajes de los balcones. Sobre el entablamento quebrado de la portada se
desarrolla una exuberante decoración tallada con una temática alusiva a la
guerra, en la que se prodigan personajes del ejército con cañones,
espadas, trofeos, arreos militares, etc., simbolizando así los cargos políticos
que desempeñó el mentor del palacio, don Agustín de Echeverz y Subiza,
marqués de San Miguel de Aguayo, gobernador y capitán general del Nuevo
Reino de León, además de alguacil mayor del Reino de Navarra, título éste
que puede tener que ver con la figura de la Justicia que corona el blasón.
En
el interior se conserva el amplio zaguán y la magnífica escalera imperial
que accede a la planta noble. El palacio en el lado sur tiene una amplia
solana concebida como una galería de arcos de medio punto que se puede
contemplar desde la calle San Francisco (14).
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