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LA
ZONA MEDIA
Zona
media... Ni es Norte, ni es Ribera. Es la fuerza de la unión de los
contrastes, de la riña de dos hermanos opuestos que se reunen al fin. Los
bosques del norte desaparecen y en su lugar, reinan los campos de cultivo y
viñedos. Las montañas quedan suavizadas siempre rodeadas por llanuras; las
zonas desérticas quedan estampadas por matorrales y un arbolado disperso.
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Para
iniciar esta ruta, dejamos Pamplona por la Nacional 111 dirección Estella-Logroño
hasta alcanzar Puente la Reina. Tomamos la carretera NA 6030 hacia Tafalla y
topamos con Mendigorría y las ruinas de Andelos, recuerdos de una villa
romana que nos cuenta su historia. Siguiendo la misma vía, llegaremos hasta
Artajona donde se encuentra el imponente cerco amurallado de esta localidad
y la ruta de los dólmenes.
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Continuamos
hasta alcanzar Tafalla, capital de la Zona Media, y tomamos la N121 hacia la
ciudad medieval de Olite, visita indispensable. La comarcal NA 5300 nos
lleva hasta San Martín de Unx: casas blasonadas, restos de muralla y
edificios emblemáticos. La Iglesia de San Martín llama la atención por su
desnudez y sencillez, sus dos portadas y la cripta (a la que se accede a
través de una escalera de caracol).
No
nos perderemos la Iglesia-Fortaleza gótica de Santa María del Pópolo y la
ermita de San Miguel. Después emprenderemos la más que tortuosa NA 5310
que nos llevará hasta Ujué, pueblo más cercano a las leyendas que a la
realidad. Calles estrechas, empedradas, rincones imposibles, vista
espectacular,...
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Si
queremos regresar de golpe al siglo XXI, nuestro destino es el Parque
Eólico de Guerinda, uno de los más grandes de Europa. ¡Qué diría Don
Quijote! Los más avanzados aereogeneradores, tan altos como edificios de
dieciocho plantas, se funden con una espectacular panorámica de los
Pirineos. Navarra es la tercera potencia europea en creación de esta
energía renovable después de Alemania y Dinamarca, y este parque es buena
prueba de ello. Para llegar a ellos, debemos deshacer los kilómetros que
nos separan de la carretera de San Martín de Unx e ir dirección Lerga y
desviarnos luego hacia Olleta. |
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Artajona
Si
queremos sumergirnos de lleno en la Edad Media, ésta es una buena
oportunidad. El Cerco de Artajona, construído en el siglo XI, con su
recinto amurallado y sus doce torreones cuadrangulares perfectamente
alineados nos ofrecen el ambiente soñado. Dan una imagen señorial a unas
murallas coronadas por una iglesia. Es la iglesia-fortaleza de San
Saturnino, imponente, sólida y sencilla, edificada en el siglo XIII, sobre
las ruinas de un templo románico. Guarda en su fachada un hermoso tímpano
gótico cuidadosamente tallado. En él aparecen imágenes de San Saturnino
junto a la Reina Juana de Navarra y su esposo Felipe el Hermoso. En su
estructura, se aprecia que se hizo en tiempos de guerra. Conserva un paseo
de ronda sobre la bóveda de la nave que sirvió de calabozo. En el
interior, el retablo mayor de traza gótica nos muestra una pintura
protorrenacentista. Además, encontraremos dos retablos barrocos y varias
pinturas sobre tabla.
Pero
si no nos basta con retroceder hasta la época medieval, tenemos la
oportunidad de viajar hasta casi nuestros orígenes por la ruta de los dólmenes.
Para llegar a ellos, debemos ir al Cementerio y tomar la carretera que se
encuentra en la trasera del camposanto. Encontraremos el dolmen del Portillo
de Enériz y el de la Mina de Farangortea, recuerdos de la cultura megalítica
romana.
Ambos tienen una losa de separación y están situados en túmulos
de 20 m de diámetro por 2,5 m de altura.
Además, nos remontaremos hasta el
primer milenio antes de Cristo con los restos de las cabañas neolíticas de
Farangortea y Dorre.
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Mencionaremos
así mismo, la Iglesia gótica de San Pedro, su tríptico flamenco de la
Epifanía y la cúpula de media naranja. Ya en las afueras de la villa está
la basílica de la Virgen de Jerusalén. En ella, encontraremos una talla de
orfebrería románica en cobre esmaltado de 30 cm. de altura, que según
cuenta la leyenda, la trajo un artajonés de las Cruzadas de Tierra Santa.
En
Artajona también podemos disfrutar de un paseo por sus calles y casas
adornadas con áticos, blasones y arcadas. |
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Olite
Recorrer
Olite es volver a tiempos pasados. La Edad Media está presente en sus
calles, palacios y rincones. El Castillo, impasible, vigila la vida de sus
gentes. Olite, ciudad que fue sede real, es además tierra de famosas
bodegas y mejor vino.
El
Castillo-Palacio de Olite es una de las obras más representativas y
queridas de Navarra. Se edificó sobre muros romanos, en los siglos XIII,
XIV y en el XV especialmente, con Carlos III de Navarra. Fueron años de
esplendor. Cuando Navarra se unió a la Corona de Castilla comenzó el
declive. Ya no había reyes de Navarra que habitaran en él. Dos incendios y
un saqueo lo dejaron irreconocible. Monumento nacional desde 1.925 ha sido
restaurado recientemente. El palacio viejo es hoy Parador Nacional y aún
conserva algunas torres como las de San Jorge, las Cigüeñas y la de la
Prisión. El castillo nuevo, con sus quince torres, todas diferentes, llaman
poderosamente la atención. Sobresalen la Torre del Homenaje, la Atalaya, la
de las Tres Coronas y la de los Cuatro Vientos o la circular del Vigía. Fue
sin duda un castillo de lujo: tenía delicadas labores de yesería, azulejería,
vidrieras policromadas, techumbres doradas y surtidores. Entre las curiosas
dependencias que tenían los reyes (leonera, palomar, pajarera, baños ¡en
aquellos tiempos!) destaca una peculiar nevera: una construcción de piedra
en forma de huevo que servía para almacenar el hielo.
Olite, además cuenta con la Iglesia gótica de
Santa María, un precioso claustro, una hermosa portada y su retablo mayor
pintado por Pedro de Aponte. Otra obra de arte es la Iglesia de San Pedro,
mezcla armoniosa de estilos: torre gótica con una orgullosa aguja octogonal
y portada y claustro románicos. En su interior, un bello retablo y la
capilla de la Virgen del Campanal, con una preciosa talla gótica. No
olvidaremos los conventos de San Francisco y de Clarisas, ambos con retablos
rococós y en la plaza de Carlos III, la Torre del Reloj y unas galerías
subterráneas medievales. |
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Ujué
Ujué
parece responder a los delirios de un dibujante decidido a crear un pueblo
imaginario, de cuento: sus calles estrechas que se deslizan por las laderas
del cerro siempre sembradas de cuestas o escaleras, sus casas, cada rincón
olvidado, ...
Todo ello quita el aliento. Por si fuera poco, echar la vista
en cualquier dirección desde Ujué no tiene desperdicio. A sus pies se
aprecia el piedemonte de Tafalla y Olite, la Ribera, el Moncayo y los
Pirineos, con picos como el Anie o la Mesa de los Tres Reyes. Para
visitar Ujué les aconsejamos que dejen el vehículo nada más llegar al
pueblo o en laplaza del santuario, ya que los coches no pueden acceder al
centro de la localidad.
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Ujué
nació como plaza fuerte para defender Navarra primero de los musulmanes y más
tarde de Aragón. En lo más alto del pueblo, está la Iglesia románica de
Santa María. Nos deslumbra por su grandeza y sencillez. Se construyó sobre
los restos de una iglesia prerrománica en los siglos XI y XII, pero fue
sobretodo el rey Carlos II el Malo quien mayor empuje le dió. Él edificó
la nave gótica, un bonito corredor de ronda y torres almenadas. En su
interior se encuentra la bella imagen de Santa María con el Niño, una joya
de la escultura románica navarra que data del SXII y está recubierta de
plata. Carlos II apreciaba tanto este lugar que, antes de morir, quiso que
su corazón descansara ahí. Y aún hoy se conserva en esta iglesia en un
cofre.
En
Ujué se celebra una de las romerías más emotivas de esta Comunidad. Se
festeja el domingo siguiente al 25 de Abril, día de San Marcos y es en
honor de la Virgen María. Los romeros acuden con túnicas, cruces y, a
veces, incluso descalzos y con cadenas. Se reúnen junto a la Cruz del
Saludo y seguidamente acuden al santuario a rezar a la Virgen.
Un consejo: no irnos de Ujué sin comer sus famosísimas
almendras garrapiñadas, las migas de pastor y costillas asadas con
sarmientos.
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