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Enclavado
en el Pirineo Atlántico, el valle de Baztán es tierra de
hidalgos y de indianos, aquellos que regresaron de ultramar
con una gran fortuna y dejaron su huella en decenas de casas.
Es el camino de los peregrinos que acudían a Santiago
utilizando esta ruta alternativa a través de un paisaje
intensamente verde, intensamente tranquilo, tachonado de
suaves colinas, extensos prados y sugerentes bosques.
Es un entorno que seduce por sus pueblos de cuidado y rotundo
caserío, y por sus tradiciones como las danzas al son del
txistu y el tamboril o las competiciones de pelota.
El valle de Baztán se extiende al norte de Navarra entre los
puertos de Belate y Otsondo. Constituye el municipio más
extenso de Navarra, con una superficie de 364 kilómetros
cuadrados. A él pertenecen quince localidades: Oronoz-Mugaire,
Arraioz, Irurita, Almandoz, Berroeta, Aniz, Ziga, Lekaroz,
Gartzain, Elbetea, Arizkun, Azpilikueta, Erratzu, Amaiur y
Elizondo, capital del
valle.
Es un valle rico en tradiciones, con un folclore muy arraigado
y una arquitectura en la que se combinan las casas señoriales
y los robustos caseríos cuyos rasgos son fácilmente
identificables: edifico de planta rectangular de piedra,
aunque a menudo encalado en blanco, tejado a dos aguas con
poca pendiente, aleros volados sobre la fachada y ventanas
rodeadas de piedra rosada procedente de las canteras de
Almandotz. Muchos de estos caseríos se han convertido en
acogedoras casas rurales donde podrá disfrutar de las
costumbres y el carácter amable de las gentes del Baztán.
Paisaje y
panorámicas del Baztán
En estas tierras, las crestas del Pirineo navarro se inclinan
hacia el mar haciéndose más suaves para ofrecer un paisaje de
verdes colinas, extensos prados y arroyos rodeados de robles y
castaños.
La mejor panorámica de la zona se obtiene desde el mirador del
Baztán situado en el término de Ziga. A sus pies puede
contemplarse este valle de clima templado y húmedo. Abajo
quedan los lugares de Irurita, Lekarotz, Elizondo y Gartzain;
caseríos y bordas dispersos por las laderas; cultivos y el
perfil dibujado por las cumbres de alrededor de mil metros que
enmarcan esta deliciosa vista.
Desde el puerto de Otsondo a 600 m. de altitud, disfrutará de
una amplia perspectiva hacia la vertiente de la costa. Tomando
una pequeña carretera a mano derecha se accede a la cima de
Gorramendi con panorámicas igualmente impresionantes.
Uno de los deportes que puede darle grandes satisfacciones en
el valle de Baztán es el senderismo. Entre las infinitas
posiblidades encontramos la ruta Amaiur-Berroeta, que
transcurre por Arizkun, Elbetea, Elizondo, Lekaroz, Irurita,
Zigaurre y Ziga, y que suma un total de 19,4 kilómetros, o la
ruta conocida como Elizondo-Peña Alba, que partiendo de la
capital del valle, atraviesa a lo largo de 20 km Beartzun,
Peña Alba y Kilinkarri antes de volver a Elizondo. Si desea
disfrutar de una cascada, desde el barrio de Gorostapolo en
Erratzu parte un camino que llega hasta un llamativo salto de
agua en un paraje insultante de vegetación. El sendero, si
bien no está especialmente señalizado, no tiene pérdida.
La piedra y los
museos
La huella de la historia se hace presente en todos los
rincones de Baztan. Poblado desde la prehistoria, en el valle
se conservan dólmenes en Izpegi, megalitos en Erratzu-Aldudes,
y construcciones vinculadas a la vía baztanesa del Camino de
Santiago, como la ermita de Santiago en Azpilikueta o el
hospital de peregrinos de Elizondo.
Los conflictos fronterizos de la Baja Edad Media han dejado
numerosas torres-fortaleza y palacios de cabo de armería. Las
más notables por su singularidad son: la casa Jaureguizar en
Arraioz, el palacio-fortaleza de los Ursúa en Arizkun, dos
palacios de cabo de armería en Elbete, el Jarola y el Ascoa, y
el palacio de Arizkunenea o de los Gobernadores en Elizondo.
Todos son propiedad privada excepto Arizkunenea que es casa de
cultura.
Encontrará también decenas de casas de indianos, emigrantes
que retornaron y levantaron enormes caseríos en sus
localidades de origen o sufragaron la construcción de iglesias
y conventos. El eco de aquellos viajes y de cómo se ha vivido
en Baztán durante siglos se capta perfectamente en el
Museo Etnográfico Jorge Oteiza,
situado en el caserón Puriosenea, en Elizondo. En Arizkun
puede visitarse la Casa-Museo Gorrienea y el Parque
Escultórico del escultor Xabier Santxotena.
El arte religioso del Baztán destaca por su monumentalidad y
por algunas obras de gran valor como la iglesia de San Lorenzo
del siglo XVI en Ziga, de estilo herreriano temprano.
Tradiciones y
gastronomía del valle de Baztán
Baztán posee también ancestrales costumbres que se traducen en
el uso generalizado del euskera, en la alboka y la txalaparta,
y en las danzas bailadas al son del txistu y el tamboril. La
fiesta se vincula a las ocasiones en las que se reúnen sus
vecinos, tales como las ferias de ganado; los carnavales,
algunos tan ancestrales como los de Arizkun; las competiciones
de pelota o a la fiesta del valle, el denominado Baztandarren
Biltzarra, que se celebra en julio.
Si quiere comprar algún recuerdo, no le resultará difícil
encontrar kaikus, recipientes para guardar la leche y hacer
cuajada realizados en madera de boj, o xisteras, herramientas
con las que se juega a la cesta-punta, una modalidad de
pelota. Además si se acerca a Elizondo, no pierda la
oportunidad de comprar "urrakin egina", un delicioso chocolate
con avellanas que elaboran en las pastelerías de la localidad.
Los alrededores del
valle de Baztán
Al norte del valle de Baztán y a 22 kilómetros de Elizondo, le
esperan las
cuevas de Urdax y las
famosas
cuevas de Zugarramurdi
donde las brujas celebraban sus "akelarres". Al sur del valle,
a unos 10 kilómetros de Elizondo se encuentra el
Parque Natural de Bertiz,
un exuberante hayedo que cuenta con un centro de
interpretación de la naturaleza y un jardín botánico ubicado
alrededor de la residencia de los señores de Bertiz.
A él se accede desde la localidad de Oieregi, que junto con
Legasa y Narbarte forman el estrecho y precioso Valle de
Bertiz o Bertizarana. Gran parte de las construcciones de
Oieregi están catalogadas con valor artístico o cultural, y
lucen en su fachada el escudo del valle: una lamia, sirena de
río de la mitología vasca con cola de pez, que porta en una
mano un peine de oro y en la otra un espejo. Entre ellas
destaca el hermoso Palacio de Reparacea de origen medieval,
época en la que también se levantó el cercano puente sobre el
río Bidasoa.
* Textos y fotos cedidos
por el Gobierno de Navarra
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