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Aralar
es una gran sierra de 208 kilómetros cuadrados que se extiende
al noroeste de Navarra y al sureste de Guipúzcoa.
La sierra de Aralar, a la que se accede desde el Valle de
Larraun o desde la Barranca, es todo un paraíso para los
amantes del senderismo: prados y hayedos se combinan con
espacios rocosos, propios del macizo kárstico en el que nos
encontramos.
En Aralar hay tiempo para el paseo, realizar pequeñas
ascensiones, buscar dólmenes o nacederos de ríos como el
Larraun, escuchar leyendas, visitar cuevas como la de Astitz
o, simplemente, para contemplar la panorámica que se divisa
desde el Santuario de San Miguel in Excelsis.
A la sierra de Aralar se puede acceder desde el norte a partir de
varias localidades del Valle de Larraun, como Lekunberri,
Iribas o Astitz, y desde el sur a partir de Uharte-Arakil.
Los hermosos bosques de Aralar y las zonas de pastos hacen que
esta sierra tenga un gran valor naturalístico: hayas, robles y
avellanos se levantan junto a pastizales por los que deambulan
ovejas latxas, yeguas y caballos. Y aunque la naturaleza sea
la protagonista, la piedra también nos ha dejado multitud de
dólmenes, diseminados por toda la sierra, bellos caserones
como los de Madotz, Astitz o Baraibar, molinos como el de
Aitzarrateta o ermitas como la de Santiago de Itsasperri. El
monumento más destacado es el santuario medieval de
San Miguel de Aralar,
lugar emblemático en el que la leyenda cuenta que Teodosio de
Goñi venció al dragón de Aralar y que ostenta uno de los
retablos esmaltados más interesantes del románico español.
Si el viajero toma la carretera que nace de Lekunberri y, tras
12 kilómetros de viaje entre el bosque de hayas, se detiene en
las campas de Albi, podrá contemplar el cercano dolmen del
mismo nombre. En el kilómetro 13, puede detenerse en el
aparcamiento y realizar el paseo que arranca de la Casa
forestal: una pista asciende entre hayedos hasta que el camino
se abre y se llega a los rasos de Aralar. Tras 6 kilómetros de
paseo, con un desnivel de 300 metros, podrá ver la cima de
Irumugarrieta o encontrar, entre bordas de pastores, ganado,
hayas, robles, helechales y prados siempre verdes, dólmenes
diseminados por toda la sierra.
Desde Iribas, un sencillo paseo de 5 kilómetros, en su
práctica totalidad muy cómodo, le permitirá descubrir cómo las
aguas de Aralar juegan con el suelo calizo en los nacederos
del Ertzilla y el Larraun.
Las entrañas de la sierra se pueden disfrutar desde julio de
2005 con la apertura de la cueva de Mendukilo, en Astitz.
Utilizada durante siglos como establo para el ganado, se ha
adaptado ahora para que los visitantes puedan contemplar tres
espectaculares salas, con preciosas estalactitas, estalagmitas
y unas dimensiones que llegan a los 60 metros de largo y 20
metros de altura. La Casa de Acogida de la cueva contiene una
sala de audiovisuales, una sala de exposiciones, un bar y una
pequeña tienda.
En invierno, cuando cae nieve abundante, las pistas de esquí
de fondo se inician también en la Casa forestal. La sierra se
convierte entonces en un espacio singular, silencioso, en el
que las dimensiones de los espacios se transforman de manera
caprichosa hasta el deshielo.
Los senderistas aprecian también los caminos que, partiendo de
la Sakana, recorren la sierra de Aralar y llegan hasta el
Santuario. Desde la pista de cemento que une Uharte Arakil y
el Santuario, puede realizarse una ascensión a pie hasta San
Miguel, de menos de un kilómetro de distancia pero con casi
400 metros de desnivel en la que se contemplan dólmenes como
el de Arzabal. Y desde Etxarri Aranatz, existe una "ruta de
los dólmenes", de 15 kilómetros, en la que pueden contemplarse
los restos de diez dólmenes.
Cerca de la sierra de Aralar, se pueden realizar unos
kilómetros de la
Vía Verde del Plazaola
(desde Lekunberri o Leitza), visitar la Ferrería de Betelu y
practicar deportes vinculados con la naturaleza.
* Textos y fotos cedidos
por el Gobierno de Navarra
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