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Localidad:
Pamplona
Dirección:
Paraje Parque de la Media Luna
Zona:
La Cuenca de Pamplona
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Bordeando
el centro de la ciudad, en el Segundo Ensanche, y en un
extremo de las murallas, el Parque de la Media Luna, uno de
los más bellos y antiguos de Pamplona, debe su nombre a su
diseño en forma de luna menguante.
Lugar bucólico y de marcado estilo romántico, este parque
dispone de excelentes vistas gracias a un privilegiado y largo
mirador sobre el río Arga. Cuenta con un estanque con peces,
pista de patinaje y mucho arbolado con diferentes especies,
entre las que destaca una bellísima sequoya gigante. Punto de
conciertos, especialmente los del ciclo de jazz en junio, uno
de sus muchos y variopintos jardines alberga el monumento al
violinista pamplonés Pablo Sarasate.
En el corazón de este verde recinto, un coqueto café con
amplia terraza en su exterior cobra especial animación durante
las calurosas tardes y noches del verano.
El Parque de la Media Luna fue construido en 1935 por Víctor Eúsa,
sin duda uno de los arquitectos navarros de mayor relieve del
siglo XX. Con una extensión de 67.000 metros cuadrados, se
ubica en uno de los extremos del antiguo recinto amurallado de
la ciudad, entre el Baluarte de San Bartolomé y la avenida
Baja Navarra, que conecta
Pamplona con la salida
hacia Francia por Irún.
A pesar de encontrarse en el mismo centro de la ciudad, el
diseño del parque y su amplitud lo convierten en un auténtico
oasis para la calma. Quizás el perfil más hermoso de la
Catedral, inmortalizado
en muchos de los lienzos de pintores navarros, se pueda
observar desde el largo mirador que limita este parque y que
permite disfrutar pausadamente de una agradable panorámica de
esta singular parte de la ciudad bordeada por el río Arga.
Allá, abajo, se pueden ver el puente medieval de la Magadalena
y las huertas del mismo nombre, el paseo del Arga e incluso
caballos y ganado.
Mire en sentido contrario y, ya adentrándose en sus jardines,
podrá descubrir todo un juego de variados elementos al más
puro estilo romántico: pérgolas, albercas, escalares, fuentes,
setos, pequeñas esculturas, árboles de gran porte, surtidores
y bancos salpican el entramado verde del recinto.
La Media Luna reúne una original selección de plantas y de
hasta 43 especies arbóreas, entre las que se erige, con cierta
arrogancia, una sequoya gigante, que, a pesar de todo y dicho
sea de paso, no es la mayor de Pamplona. Le anteceden otras
dos: la del
Palacio de Navarra y la
del antiguo Laboratorio Agrícola, en el Casco Antiguo, todas
ellas declaradas monumento natural.
Otro punto emblemático que sin duda atraerá la atención del
visitante es el monumento al insigne violinista pamplonés
Pablo Sarasate, levantado en 1959, en una estancia circular
rodeada de bancos. Muy cerca de allí, un coqueto bar con
terraza, de concesión municipal, abierto todos los días desde
las 11 de la mañana, es un buen lugar para un tentempié. El
local organiza, además, fiestas de carácter privado.
No es extraño que la música llegue hasta nuestros oídos,
gracias a los conciertos de diversos estilos que se organizan
con cierta asiduidad en este recinto verde. Muy recomendable
el ciclo de jazz que tiene lugar durante las tardes-noche de
comienzos del verano.
Ya al final del Parque de la Media Luna, cuando se funde ya
con la avenida de la Baja Navarra, se encontrará con el
monumento de Sancho el Mayor, Rey de Pamplona. A su lado, un
bajorrelieve recuerda la figura de Juan Huarte de San Juan,
médico y filósofo navarro del siglo XVII. Llegamos así a un
elegante palacete construido en 1955, conocido popularmente
como el Chalet de Izu, Centro Navarro de Encuentros
Profesionales y sede de varios colegios oficiales, que alberga
en su interior, en medio de un refinado lujo, un restaurante
abierto también al público.
* Textos y fotos cedidos
por el Gobierno de Navarra |
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