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Nacida
al borde del Camino de Santiago, en el centro de lo que fue la ciudad
medieval de Estella, se encuentra la iglesia de San Pedro de la Rúa, iglesia
mayor de la ciudad, cuyo claustro del siglo XII, está considerado como uno
de los conjuntos de mayor riqueza escultórica del románico navarro.
Frente al Palacio de los Reyes de Navarra y encaramada en un alto desde el
que domina la ciudad, este templo nos muestra también un bello pórtico del
siglo XIII, de arcos lobulados de influencia árabe y rica ornamentación, una
imponente torre, y un interior que alberga entre otros, la sillería románica
del coro y diversas esculturas románicas y góticas de interés.
Su ubicación, en la ladera de un encrespado cerro en el que
estuvo el primitivo castillo de
Estella, determinó la irregularidad
de la planta de este templo. Durante la Edad Media, fue utilizado como
cementerio de peregrinos. Y aquí fue enterrado, en el siglo XIII, el obispo
griego Patras de San Andrés, cuya reliquia se venera esta iglesia.
El claustro, fechado en torno a 1170, es uno de los elementos más bellos del
conjunto. Sólo conserva las galerías norte y oeste, ya que las dos restantes
desaparecieron con la voladura del castillo de Zalatambor, ordenada por
Felipe II en 1572. De planta cuadrada, pertenece a un románico tardío y
decorativo que combina la iconografía del Camino de Santiago con otros temas
vegetales y animales. Contiene sencillas arquerías de medio punto, nueve por
banda, apoyadas en parejas de columnas. Así, en los capiteles del ala norte
se representan escenas de santos y de la vida de Cristo, mientras que en los
de la crujía oeste se esculpieron motivos vegetales y seres fantásticos como
arpías y variaciones sobre águilas. Y no pase por alto un capricho
excepcional de esta última crujía, que se repite en Burgo de Osma y Santo
Domingo de Silos: las cuatro columnas torsas entrelazadas en las que se
apoya la arquería central.
Otro valioso elemento de este templo es su pórtico románico de finales del
siglo XII, que cuenta con una serie de arcos lobulados de influencia árabe y
exhibe una rica ornamentación. Tiene algunas similitudes con las portadas de
las iglesias de Santiago de Puente la Reina y San Román de Cirauqui.
Su imponente y sólida torre de planta rectangular, situada a los pies de la
nave, confiere al conjunto un aspecto militar, reforzado por las saeteras.
Las distintas fases constructivas han quedado perfectamente reflejadas en
esta torre, cuyo tramo final de ladrillo, pertenece al siglo XVII.
En el interior de la iglesia, está la capilla de San Andrés (1596) cubierta
por una cúpula de 1699 decorada con yeserías barrocas. El retablo barroco
del siglo XVII de la nave del Evangelio contiene un crucifico del siglo XIII
que, según la tradición, un judío enemigo de los cristianos arrojó al río
Ega. Milagrosamente, la imagen remontó la corriente hasta llegar a la
parroquia del Santo Sepulcro, donde fue recogido.
Otras joyas artísticas que podrá admirar en el interior de la iglesia,
concretamente en el presbiterio, son la virgen románica de Belén, un
crucifijo gótico del siglo XIV, una talla de San Pedro de 1687, y una pila
bautismal del siglo XIII en cuyo pie se representa el Árbol de la Vida.
Tras la visita, podrá descansar sobre la escalinata que da acceso al templo,
y contemplar desde lo alto la hermosa vista sobre el románico
Palacio de los Reyes, sede del Museo
Gustavo de Maeztu. Esta escalera fue proyectada por Francisco Pons Sorrolla
y construida en 1966, al mismo tiempo que se urbanizaba la plaza de San
Martín, aneja al palacio.
* Textos y
fotos cedidos por el Gobierno de Navarra |