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Los
sólidos muros de piedra del monasterio de La Oliva atesoran siglos de
historia y arte: un oasis de paz y tranquilidad. La Oliva, uno de los tres
monasterios que se conservan en la Ribera de Navarra, es la actual morada de
26 monjes cistercienses a quienes se puede ver, vestidos con túnicas
blancas, paseando y orando por el claustro del cenobio.
Su amplia iglesia, que es uno de los más genuinos ejemplos del arte
cisterciense de España, el claustro gótico, la sala capitular y la capilla
de San Jesucristo le descubrirán la importancia artística de este
monasterio, construido en los siglos XII y XIII, en el que resulta fácil
pasar las horas en tranquila y permanente meditación.
Su visita le permitirá descubrir el valor del silencio, pero también la
sonoridad de las liturgias diariamente cantadas por los monjes en lengua
vernácula.
A dos kilómetros de Carcastillo, a orillas del río Aragón y en
medio de una explanada sin apenas vegetación, se levanta el complejo de
edificios medievales que forman el monasterio cisterciense de La Oliva. Su
nombre tiene mucho de leyenda ya que, según cuenta la tradición popular, un
rey navarro, en su lucha contra los árabes, resultó herido y fue a morir al
pie de un acebuche.
En el lugar del olivo silvestre se construyó el monasterio de La Oliva,
fundado en 1149 por la orden del Cister. Tras siglos de esplendor en la Edad
Media, la guerra de la independencia y la Desamortización dejaron al cenobio
en ruinas y abandonado hasta que en el siglo XX se restauró y restituyó la
vida monástica.
Al llegar a la explanada del monasterio, nos encontramos ante un conjunto
monumental de grandiosa sencillez. La entrada se realiza bajo un profundo
arco apuntado a cuyos lados se conservan restos de la antigua muralla del
siglo XII y, en la parte superior, el palacio abacial. Al traspasar esta
entrada, descubrirá un amplio conjunto integrado por varias edificaciones
que se agrupan en torno al claustro y patios abiertos.
En la parte central, está la iglesia de Santa María (XII-XIII) que combina
elementos góticos y románicos. Está considerada como una de las
construcciones más perfectas de la escuela hispano-languedociana. Su
interior nos descubre un espacio sobrecogedor de tenue iluminación.
Desde el lado norte de la iglesia se accede a las dependencias medievales
del monasterio, distribuidas en torno al claustro del siglo XII reconstruido
durante los siglos XIV y XV. Rodeando al claustro, están la sala capitular,
una buena muestra de arte protogótico, la antigua sacristía, el refectorio,
la cocina y una grandiosa escalera del XVI. Alrededor de estas dependencias
se encuentran los restos de la cillerería, y la capilla de San Jesucristo,
ubicada en el huerto como si fuese una pequeña ermita.
Además de la riqueza artística, el cenobio brinda al visitante la
oportunidad de asistir, vestido con decoro y guardando silencio, a las
liturgias diariamente cantadas por los monjes en lengua vernácula, las
cuales se celebran a las 4:30 (Rezos); 7:00 (Eucaristía); 8:15 (Tercia);
12:45 (Sexta); 15:10 (Dona); 18:30 (Vísperas) y 20:45 (Completas y Salve).
El monasterio, que cuenta con hospedería en la que puede alojarse cualquier
visitante, dispone también de viñedos y bodegas, y bajo la marca Monasterio
de La Oliva comercializa vinos tintos (reserva, crianza y jóvenes), rosado,
vino de licor y vino para celebrar misa. Todos, salvo el licor, están
amparados por la Denominación Origen Navarra y pueden adquirirse en la
tienda del monasterio.
Si le interesan los espacios naturales, visite la laguna de Pitillas o el
embalse del Ferial, una laguna rodeada de pinos; ambas disponen de
observatorio de aves. También puede optar por adentrarse en el
Parque Natural de las Bardenas Reales
o dirigirse a
Ujué (pocos kilómetros al norte del
monasterio) para comer las típicas migas de pastor.
* Textos y
fotos cedidos por el Gobierno de Navarra |