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Localidad:
FITERO (31593)
Dirección:
Plaza Plaza de la Iglesia, 12
Zona:
La Ribera
Estilo:
Otros
Siglos
de construcción: XII
Precio
visita:
3€
Teléfono:
948776600
Email:
turismo@fitero.org
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¿Le
gustaría conocer el primer monasterio que la Orden del Císter construyó en
la Península Ibérica?; ¿perderse entre sus muros, levantados entre 1185 y
1247 y ampliados en los siglos XVI y XVII?; ¿y disfrutar de un lugar
codiciado, durante siglos, por reyes, papas, obispos y señores?
Está en Fitero, un pequeño pueblo de la Ribera navarra que casi linda con La
Rioja y es monumento nacional desde 1931. El cenobio, joya arquitectónica de
la Edad Media, le sorprenderá por su grandiosidad.
Su iglesia abacial es una de las más importantes de la orden del Císter en
Europa y en su interior conserva una importante colección de arquetas
árabes, cofres medievales y un precioso relicario gótico de esmalte limosino.
Pero, además, el monasterio es un buen punto de partida para realizar
agradables y pintorescos paseos por su entorno natural o sumergirse en las
aguas del balneario de Fitero, a 3 kilómetros del pueblo.
La villa de Fitero, en cuyo casco urbano se levanta el
monasterio, se halla situada en el extremo sur-occidental de Navarra, en
pleno valle del río Alhama, a 23 kilómetros de
Tudela. Aunque inicialmente el pueblo
estaba alejado del monasterio, fue en el siglo XV cuando se repobló la villa
para aumentar la defensa del territorio y las nuevas casas se construyeron
en torno a la abadía, convirtiendo al de Fitero en uno de los pocos
monasterios cistercienses integrados en un pueblo.
El monasterio, declarado monumento nacional en 1931, se fundó en 1140 aunque
fue en 1185 cuando se iniciaron las obras de las diferentes dependencias,
algunas de las cuales tienen en la actualidad funciones no religiosas: la
hospedería está ocupada por el Ayuntamiento, las celdas se reconvirtieron en
residencia de ancianos, el refectorio es actual Casa de Cultura y cine, y la
biblioteca y la cocina se convirtieron en museo.
La visita le permitirá descubrir dependencias medievales (XII y
XIII) como la iglesia abacial, de cruz latina, con tres naves y cabecera
de girola con cinco capillas, lo que la convierte en un ejemplar único
del Císter en España. Asimismo existen restos medievales en los muros de
la biblioteca, vestigios de la antigua muralla y la sala capitular,
construida en 1247, Le sorprenderá también el claustro renacentista de
planta cuadrada y el sobreclaustro, construido siguiendo el estilo
herreriano del siglo XVI.
Otras dependencias destacadas del monasterio son el dormitorio
nuevo, del siglo XVI; el palacio abacial, manierista del siglo XVI y
ampliado en el XVII; el dormitorio nuevo (XVI) y la biblioteca (1614).
Entre las piezas de orfebrería conservadas de Fitero destacan el brazo
relicario de San Raimundo, fundador del monasterio; el relicario-ostensorio
de San Andrés (XVIII), cálices del XVII, una alaveta de plata y concha (XVI),
un copón de filigrana de plata (XVII), una arqueta de marfil del año 966, un
píxide de esmalte de 1200, tres arquillas de chapa de marfil y de madera de
los siglos XI, XII y XIII, y el retablo mayor pintado por Rolan Mois (XVI).
Fitero es también punto de partida de bonitos paseos, como el de la Cruza de
Atalaya, de 7,7 kilómetros, que se inicia en lo alto del pueblo, junto al
campo de fútbol; o el Circuito de Roscas, de 8,2 kilómetros, que parte del
cruce de las carreteras que desde Fitero conducen a Cascante y Valderde.
Este último pasa por las ruinas del castillo árabe de Tudején; y la nevera
de los frailes -un enorme pozo de piedra en medio de un olivar que era
utilizado por los monjes para almacenar nieve- y la cueva mora, en la que,
según la leyenda narrada por Bécquer, todas las noches aparece el ánima de
una princesa mora que busca agua para su amado cristiano.
También puede visitar el
balneario de Fitero y sumergirse en
sus aguas termales para combatir el reuma, la artrosis y el asma; o
acercarse al mojón de los Tres Reyes, en la carretera de Madrid a Irún, a 3
kilómetros de Valderde, que recuerda reuniones de los monarcas de los reinos
de Navarra, Castilla y Aragón, en las que cada uno podía comer o discutir
desde su propia tierra.
* Textos y
fotos cedidos por el Gobierno de Navarra |